
Sobre esta pieza
En el borde de un picadero histórico de Viena, un lipizzano permanece parcialmente oculto tras una separación de madera. La pista queda fuera del encuadre. Solo un pequeño caballo blanco reflejado en el ojo del lipizzano revela la actuación que tiene lugar al otro lado.
El caballo que espera está quieto; el caballo reflejado se mueve. La barrera separa la espera de la entrada en la pista, y el anonimato de los aplausos.
La escena recoge el instante de calma antes de que el caballo entre en la pista. Mientras observa, la actuación distante empieza a parecerle un futuro posible. La figura reflejada puede ser otro caballo o la imagen de sí mismo entrando en la luz.



